Me entran los calores en este frío invierno por culpa de unos ingeniosos publicistas. La cosa empezó en diciembre cuando un buen día apareció un maromo en ropa interior dentro de un MUPI (una marquesina publicitaria especial). El pobre incauto exhibía unos gallumbos de marca Unno y un reventón en el cristal para resaltar sus "sobresalientes" formas.

Si esto no es ser un hombre objeto sinceramente no creo que nadie se atreva a mostrarme otra ocurrencia semejante.

Pues no contentos con semejante muestra lujuriosa en público han poblado las paradas de autobuses con otro señor con el mismo problema de entrepierna, vamos, que está el chico que lo revienta. Y da sentido al slogan de "Comodidad Sobresaliente" tanto como al dicho de "eso ahí no me entra".

Y es que no puedo comprarme calzoncillos Unno pero les puedo asegurar que no será por falta de ganas.

¡Oye!


El año pasado sucedió un hecho insólito. José Sacristán y Héctor Alterio se unían para representar una obra como protagonistas en los escenarios de Madrid. Era la primera vez que semejante dúo aunaba fuerzas para representar una tragicomedia. ¿Qué pasó? Que me quedé sin entradas.

Sorpresas del destino, en este recién estrenado 2010, ambos regresan al Teatro Fernando Fernán Gómez (antiguo Centro Cultural de la Villa) con el mismo libreto y semejante entusiasmo permitiéndome repescar una de las obras más laureadas y alabadas de la pasada temporada.

Dos menos es una comedia con cierto tono amargo del inquietantemente joven dramaturgo francés Samuel Benchetrity dirigida por Oscar Martínez. Dos ancianos reciben en el Hospital la mala noticia de que sus días están contados, y además son muy pocos, con las mismas deciden que la mejor opción es disfrutarlos y ambos desconocidos se fugan del hospital para recorrer las calles. En ese periplo aprovechan para solucionar los problemas de una joven y para resolver sus propias cuestiones pendientes en diálogos hilarantes, tiernos y en ocasiones crudos que demuestran que la humanidad se encuentra en cada rinconcito de sus corazones.

Dos Menos es una buena obra pero sobre todo debe su éxito al tremendo trabajo actoral de sus protagonistas. El argentino Héctor Alterio siempre consigue un estado de gracia en cualquier proyecto pero siendo esta la segunda vez que disfruto de su presencia teatral (tuve la fortuna de ver su Yo Claudio) debo reconocer que su incuestionable talento y su profesionalidad destila la ternura necesaria para que su personaje no sólo cobre vida si no para que sea uno de los más entrañables y adorables que hayamos visto en una larga temporada. José Sacristán también está curtido en estas lides y en su papel de perfecto cascarrabias completa una de las mejores parejas que se hayan podido ver en las tablas de un teatro.

No se puede decir lo mismo de sus dos compañeros (pluriempleados) ya que con una soberbia voz Cecilia Solaguren llama demasiado la atención y Nicolás Vega, al contrario, no consigue llegar a la altura del resto del reparto.

Si pueden asistir a esta limitada temporada de pocas semanas tras su tremenda gira del año pasado les aconsejo que compren su localidad sin pensarlo dos veces, no se arrepentirán.

Si hace poco los programas de televisión, en los que una rumana ofrecía una cantidad ingente de pasta por acertar una pregunta bastante ridícula, eran puestos en tela de juicio por su dudosa legalidad y transparencia es en Internet donde parece que las estafas son más frecuentes. Pero viendo obras como este anuncio ABSOLUTAMENTE REAL visto en la red social facebook una tiene que indignarse ante semejantes acusaciones.
¿Cómo alguien puede poner en entredicho algún tipo de premiso y concursos que a simple vista son claramente de fiar? Si un tipo se ha molestado en usar un traductor a español tan bueno como para que la sintaxis sea tan buena nadie podría ni debería dudar de la autenticidad y la buena fe de este tipo de eventos donde por “vete tú a saber cuantos euros” puedes participar en premios tan sorprendentes como 3000 euros “a pasar en su local de H&M.”, sólo por “respuesta a la pregunta”, así de simple “ganar un vale”. Que digo yo que a lo mejor los indios de las películas de los setenta comprenden semejante núcleo de verbos sin conjugar.

No sé vosotros pero yo “ganar” un vale “querer” así que “dinero mandar a estafadores” ahora.

Hasta el 17 de enero se puede disfrutar de una obra de teatro de esas que ponen los pelos de punta. Glendarry Glen Ross es el nombre de una inmobiliaria con problemas en tiempos de crisis, las ventas han bajado y desde la dirección deciden incentivar a sus vendedores proponiéndoles un concurso de ventas en el que el ganador se llevará a casa un Cadillac, el segundo un juego de cuchillos y el último un despido.


David Mamet (El búfalo americano, Edmond, Noviembre) tiene en su haber un premio Pullitzer por ser capaz de poner el dedo en la llaga con su afilada crítica de la sociedad. Por eso ante el inminente despido de uno de los trabajadores todos empiezan a urdir sus propios planes para aguantar estoicamente en sus puestos de trabajo: trampas, angustias, robos y algún trepa conseguirán que el ambiente de la empresa sea aún más tenso con las pequeñas miserias de todos ellos flotando en el aire.

Es curioso como la obra ha conseguido permanecer intacta en actualidad con el paso de los años, si bien el Cadillac podría haber cambiado por un Porche flamante a parte de ese detalle su efectividad es exactamente la misma por lo que el montaje del argentino Daniel Veronese no pierde efectividad.

En 1992 la obra se convirtió en una cruda película con un reaparto de lujo: Al Pacino, Jack Lemmon, Alec Baldwin, Alan Arkin, Ed Harris, Kevin Spacey y Jonathan Pryce, en España su elenco , a pesar de que pueda resultar excesivamente televisivo, es inexpugnable. Una retahíla de caballeros como Carlos Hipólito, Ginés García Millán, Gonzalo de Castro, Jorge Bosch y Alberto Jiménez discuten y luchan por sus empleos a lo largo de una hora y veinte minutos (sin entreacto) en la sala principal del Teatro Español, con el aliciente de sus precios populares (por lo de mantener la crisis a raya). Una obra de las que dejan huella.






Resulta que, casualidades de la vida, Verónica Forqué es una gran admiradora de Woody Allen, dado que con el Neoyorquino neurótico comparte sólo el afán por la comedia resulta curioso que haya decidido convertirse en directora teatral de una de sus obras, Adulterios, para arrastrarla por los teatros de media geografía española haciendo escala en Madrid después de su periplo barcelonés.

Adulterios trata de los temas universales de la filmografía del judío, básicamente las relaciones amorosas con un sentido del humor refinado y mordaz.

En esta ocasión son dos protagonistas femeninas las que copan la escena, de un lado María Barranco, Phyllis, una sofisticada, exitosa y elegante psiquiatra que descubre que su marido le es infiel y del otro la torpe, cursi, pija y algo cortita Carol, Miriam Diaz Aroca. Entre ellas sus dos maridos, el mujeriego y el neurótico que en la obra de teatro son encarnados por Fernando Acaso, Fermí Herrero y Paloma Bloyd Sacada directamente de Supermodelo y la más floja del reparto). El resto pueden rellenarlo sin muchos problemas con chistes sexuales, reflexiones sobre la vida, el éxito, el amor, el odio, el matrimonio, la amistad,…


Adulterios es una comedia actual, con las filias y las fobias de Allen y unos diálogos divertidos, rápidos y a veces incluso ridículos y personajes estereotipados muy al gusto de sus fans. Tiene ciertas reminiscencias a sus películas por lo que el regusto a comedia Alleniana se deja notar en la hora y media de duración de la obra.

Después de 173 funciones en 57 ciudades desde su estreno en Avilés (ciudad adorada por el director) finalmente se queda en Madrid haciendo escala en el Teatro Maravillas.

Si aún no sabes cual es el regalo perfecto para estas navidades quizás un poco de humor sea la solución perfecta. No descartes darte un paseo por el centro y disfrutar de una notable adaptación con un regusto muy cinéfilo.

Edu Soto y Fernando Gil son dos “tíos de la tele”. Son famosotes, reconocibles a pesar de que algunos son incapaces de recordar cuales son sus nombres fuera de los personajes que les han dado la fama. Por eso que estos dos señores se metan en la piel de un buen número de personajes cotidianos (y no tan cotidianos) tiene cierta gracia.

Se conocieron el año pasado cuando el catalán se incorporó al reparto de Spamalot en Barcelona, y es que eso de compartir escenario y camerino no podía ser bueno para dos mentes “inquietas”.

Dicen que el roce hace el cariño y que todo se pega menos la hermosura, por eso empezaron a madurar la idea de hacer alguna colaboración cómica juntos y claro, surgió este espectáculo cómico de humor (que no monólogo) donde ambos hacen el gamberro a partes iguales.

Comenta el señor Gil al empezar el Show que si algo funciona no hay que tocarlo. Por ese sencillo motivo hasta tres veces harán el animal saltando al ritmo de un remix de If I Ever Feel Better de Phoenix, lo mismo pasará con las dotes musicales del Señor Gil que se convertirán en el hilo conductor del histrionismo de su compañero en las versiones tarareadas y reinterpretadas de la misma cantinela.


Y si hay algo en lo que son sinceros es en reconocer que se juntaron una tarde para preparar el show (en sentido figurado, se entiende) y les salió el espectáculo, retales de pequeñas historias, chistes hilados y anécdotas que recogen desde el Soplaportales (el típico pechopalomo) y el esmirriao a la versión resumida de la muerte de Michael Jackson.

El espectáculo ya ha sido estrenado en Barcelona y en Madrid y el próximo día 30 de noviembre a las 9 de la noche en el teatro Haagen Dasz de Madrid a 15 euritos en Entradas.com.

Atención que quedan pocas y la cosa merece la pena.

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